La restauración del emplazamiento del World Trade Center representa uno de los retos arquitectónicos y urbanísticos más importantes de los últimos tiempos. Apuesta por el recuerdo, pero también por el renacimiento, y es una demostración al mundo de la perpetuidad de la fuerza y la fe en el futuro que han caracterizado tradicionalmente el perfil urbano de Nueva York. Tras los sucesos del 11 de septiembre, el estudio encargó a un equipo de expertos en diversas materias que realizara una investigación exhaustiva sobre la seguridad en los edificios altos. Sobre la base de las conclusiones extraídas de dicha investigación se elaboró esta propuesta, que constituye un homenaje al optimismo de Nueva York con una sola torre, concebida para ser la torre más segura, más ecológica y más alta del mundo. Su forma cristalina se basó en geometrías triangulares y símbolos interculturales de armonía, unidad y fuerza. Las dos partes de la torre «se besaban» en tres intervalos a lo largo de sus 500 metros de altura creando unos nexos estratégicos —rutas de evacuación para emergencias— que se correspondían con los niveles públicos donde se alojaban los miradores, los espacios expositivos y las cafeterías. La torre se articuló por ende verticalmente en torno a grupos de plantas que recordaban a pequeñas poblaciones, cada una de ellas con su propio atrio arbolado o, más concretamente, un «parque en el cielo». El edificio se ventilaba de manera natural mediante su «fachada ventilada» y el atrio desempeñaba una función medioambiental, pues constituía sus «pulmones» gracias a los árboles que oxigenaban el aire circulante. En términos urbanos, la remodelación se consideró un catalizador de la regeneración de toda la zona de Lower Manhattan, una oportunidad para reparar el patrón callejero que se erradicó en la década de 1960 y para inyectar nueva vida a un área en declive económico. En lugar de una plaza yerma, contemplaba parques y calles verdes de escala humana, flanqueados por comercios, restaurantes y bares. Se reforzaron las conexiones con destinos más alejados mediante la integración de las redes de transporte público urbano en un nuevo intercambiador subterráneo —una nueva puerta de entrada a Manhattan célebre por una inmensa marquesina de vidrio. Las huellas de las torres destruidas del World Trade Center se conservaron como santuarios para el recuerdo y la reflexión. Unas rampas de baja altura conducían a los visitantes a un deambulatorio que flanqueaba un volumen abierto en el lugar donde antes se erigía cada torre. Aquí, la ciudad quedaría oculta a la vista, bajo la vacuidad del cielo.

Desarrollo

Datos y cifras

  • Adjudicación: 2002
  • Superficie: 1 633 640m²
  • Altura: 538m
  • Cliente: Lower Manhattan Development Corporation
  • Ingeniero estructural: Cantor Seinuk Group
  • Supervisor de cantidades: Davis Langdon & Everest
  • Consultores adicionales: Anish Kapoor, Roger Preston & Partners, Lerch Bates Associates Ltd, Space Syntax