Nuestra arquitectura se rige por la creencia en que la calidad de nuestro entorno influye de manera directa en la calidad de nuestras vidas, tanto en el hogar como en el lugar de trabajo, en un edificio cultural o en la esfera pública. Este mismo planteamiento se aplica a la escala de las grandes infraestructuras, ya se trate de un aeropuerto, de un sistema de metro, de un centro urbano o de un plan regional. 

En este sentido, el diseño lo abarca todo, desde el rendimiento funcional y medioambiental de un edificio hasta la consideración de su contexto físico y cultural. Igual de importante es la dimensión «poética», como la que encontramos al modelar y esculpir los espacios mediante luz natural.